EL AMPARO DIVINO: “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recogerá.” (Sal 27,10)
¿Cuál es el rostro de Dios, Padre y Madre? A veces lo intuimos en quienes nos recibieron en este mundo: las manos que nos recibieron, la risa que nos dio permiso para existir o el cansancio que se volvía pan . Pero, ¿qué pasa cuando ese espejo estuvo roto? ¿Cuando papá no estuvo o cuando mamá se fue… cuando hubo golpes, gritos o silencios que helaban la casa, o cuando la muerte llegó demasiado pronto? ¿Dónde mirar entonces para conocer el rostro de Dios? La fe responde con una promesa que sabe a casa: Dios no se limita a copiar lo que nos tocó vivir; Dios lo suple y lo sana con su amor. Si la palabra “padre” quedó marcada por el miedo, Él la estrena de nuevo en nuestra vida. Si la palabra “madre” quedó herida por la ausencia, Él la llena con su ternura. No borra la historia, pero la redime. Donde hubo huecos, hace cuna; donde hubo gritos, siembra una voz mansa; donde hubo golpes, pone un límite que protege. Esa es la obra silenciosa del Dios vivo: volver a criarnos por de...