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Mostrando entradas de noviembre, 2025

EL AMPARO DIVINO: “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recogerá.” (Sal 27,10)

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  ¿Cuál es el rostro de Dios, Padre y Madre? A veces lo intuimos en quienes nos recibieron en este mundo: las manos que nos recibieron, la risa que nos dio permiso para existir o el cansancio que se volvía pan . Pero, ¿qué pasa cuando ese espejo estuvo roto? ¿Cuando papá no estuvo o cuando mamá se fue… cuando hubo golpes, gritos o silencios que helaban la casa, o cuando  la muerte llegó demasiado pronto? ¿Dónde mirar entonces para conocer el rostro de Dios? La fe responde con una promesa que sabe a casa: Dios no se limita a copiar lo que nos tocó vivir; Dios lo suple y lo sana con su amor. Si la palabra “padre” quedó marcada por el miedo, Él la estrena de nuevo en nuestra vida. Si la palabra “madre” quedó herida por la ausencia, Él la llena con su ternura. No borra la historia, pero la redime. Donde hubo huecos, hace cuna; donde hubo gritos, siembra una voz mansa; donde hubo golpes, pone un límite que protege. Esa es la obra silenciosa del Dios vivo: volver a criarnos por de...

UNA GRAMATICA DE SALVACIÓN

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  Juliana de Norwich, mujer cristiana del siglo XIV, contemplativa y audaz, descubrió en 1373, en su lecho de enferma, que tan verdaderamente como Dios es nuestro Padre, así verdaderamente es nuestra Madre. No lo dijo para provocar a nadie, sino porque así lo vivió. Cuando el cuerpo duele y el alma se queda sin fuerzas, uno ya no puede sostener teorías. En ese borde de fragilidad, Juliana recibió dieciséis visiones de amor; y desde entonces declaró que el misterio de Dios es más grande que nuestros moldes y que su ternura no compite con su verdad… la cumple. Juliana contempla a la Trinidad y habla de Poder, Sabiduría y Amor: el Padre que da el ser, la Madre que hace crecer, el Hijo que envía a servir. No es un juego de palabras, sino una gramática de salvación. Del Padre recibimos la vida; de la Madre, el aprendizaje de caer y volver a intentar; del Hijo, la misión que transforma los buenos deseos en servicio. La maternidad no endulza el Evangelio sino que lo encarna en un modo d...