NACER DE NUEVO EN LA LUZ
“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: ‘Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer las señales que tú haces, si no está Dios con él’. Respondió Jesús y le dijo: ‘De ciertovte digo: el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios’.” (Jn 3,1-3)
La noche simboliza la propia oscuridad interior que vive Nicodemo. Llega desde ese lugar donde la fe aún no es certeza y el miedo pesa más que la convicción; donde la verdad se presiente pero todavía no se abraza. Sin embargo, no llega negando, llega buscando.
Jesús no lo reprende, no le exige valentía inmediata, no
le dice “vuelve cuando tengas fe”; más bien lo recibe, y como un padre que
escucha más allá de las palabras, va directo al centro: “Hay que nacer de
nuevo”, le dice. No le propone mejorar lo que ya es, ni perfeccionar lo que
sabe, le propone volver a empezar. Porque hay cosas que no se corrigen sino que
se gestan de nuevo.
Nicodemo nos enseña que se
puede estar en la noche sin quedarse en ella. Más adelante lo veremos hablar,
todavía con cautela, a favor de Jesús. Y al final aparecerá a plena luz del
día, llevando perfumes, tocando el cuerpo del Crucificado, sin esconderse.
Esta es la buena noticia: no importa que tan oscura sea la
noche desde la que llegamos, la Luz siempre nos espera.

Comentarios
Publicar un comentario