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Y LA PALABRA SE HIZO CARNE

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  Si   el   Logos   se   hace   carne,   entonces   el   cuerpo   importa,   la   historia   importa   y   las   decisiones   cotidianas   importan. Esta   afirmación   no   es   un   detalle   doctrinal   ni   una   metáfora   piadosa,   es   una   ruptura   profunda   con   toda   forma   de   espiritualidad   que   pretende   mantenerse   al   margen   de   la   vida   concreta.   El   Logos   no   se   queda   en   el   plano   de   las   ideas,   ni   en   una   verdad   contemplable   desde   la   distancia   sino   que   entra   en   la   carne   y   con   ello   asume   la   fragilidad,   el ...

EN EL PRINCIPIO ERA EL VERBO

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Juan no describe un momento inicial del tiempo, sino el fundamento mismo de la realidad. Antes de la materia, antes de la acción, antes incluso del caos, hay Logos: sentido, palabra, principio ordenador. La creación, entonces, no comienza con un gesto de fuerza, sino con un acto de significado. Cuando esta afirmación se pone en diálogo con el relato del Génesis, donde se dice que el ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios, queda claro que no se trata de una semejanza física, sino ontológica y relacional. Ser imagen de Dios significa participar del Logos. Es decir, el ser humano es creado con la capacidad de comprender, de nombrar, de interpretar, de dar sentido y de responder al sentido. Por eso, inmediatamente después de ser creado, el hombre nombra a los animales. Nombrar no es etiquetar; es reconocer la esencia de lo que existe. Dicho de otra manera, el ser humano se parece a Dios no por su forma, sino por su modo de estar en el mundo.   Pero el Logos no solo cre...

NACER DE NUEVO EN LA LUZ

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  “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: ‘Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer las señales que tú haces, si no está Dios con él’. Respondió Jesús y le dijo: ‘De ciertovte digo: el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios’.” (Jn 3,1-3) La noche simboliza la propia oscuridad interior que vive Nicodemo. Llega desde ese lugar donde la fe aún no es certeza y el miedo pesa más que la convicción; donde la verdad se presiente pero todavía no se abraza. Sin embargo, no llega negando, llega buscando.   Jesús no lo reprende, no le exige valentía inmediata, no le dice “vuelve cuando tengas fe”; más bien lo recibe, y como un padre que escucha más allá de las palabras, va directo al centro: “ Hay que nacer de nuevo ”, le dice. No le propone mejorar lo que ya es, ni perfeccionar lo que sabe, le propone volver a empezar. Porque hay cosas que no se...

AGUA Y VINO

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La boda de Caná inscribe el horizonte simbólico de la relación entre Dios y la humanidad. Cuando el vino se acaba, se hace visible una carencia profunda: la Antigua Alianza, verdadera y santa, ha conducido hasta un umbral que no puede cruzar por sí sola. En los profetas, el tiempo mesiánico es anunciado como una era de vino abundante, signo de alegría, reconciliación y vida en plenitud. (Isaías 25, 6-8). La ausencia de vino señala que ese tiempo aún no se ha manifestado plenamente. No se trata de un fracaso de la Ley, sino del reconocimiento de su límite intrínseco: la Ley puede orientar, purificar y ordenar la vida, pero no puede otorgar por sí misma la comunión definitiva con Dios.   Las tinajas de piedra, destinadas a las purificaciones rituales, son recipientes sólidos, incorruptibles, hechos de un material que, según la tradición, no contrae impureza. Remiten  a la objetividad de la Ley, a su estabilidad y a su carácter no negociable. No es una norma moldeable como ...

EL AMPARO DIVINO: “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recogerá.” (Sal 27,10)

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  ¿Cuál es el rostro de Dios, Padre y Madre? A veces lo intuimos en quienes nos recibieron en este mundo: las manos que nos recibieron, la risa que nos dio permiso para existir o el cansancio que se volvía pan . Pero, ¿qué pasa cuando ese espejo estuvo roto? ¿Cuando papá no estuvo o cuando mamá se fue… cuando hubo golpes, gritos o silencios que helaban la casa, o cuando  la muerte llegó demasiado pronto? ¿Dónde mirar entonces para conocer el rostro de Dios? La fe responde con una promesa que sabe a casa: Dios no se limita a copiar lo que nos tocó vivir; Dios lo suple y lo sana con su amor. Si la palabra “padre” quedó marcada por el miedo, Él la estrena de nuevo en nuestra vida. Si la palabra “madre” quedó herida por la ausencia, Él la llena con su ternura. No borra la historia, pero la redime. Donde hubo huecos, hace cuna; donde hubo gritos, siembra una voz mansa; donde hubo golpes, pone un límite que protege. Esa es la obra silenciosa del Dios vivo: volver a criarnos por de...

UNA GRAMATICA DE SALVACIÓN

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  Juliana de Norwich, mujer cristiana del siglo XIV, contemplativa y audaz, descubrió en 1373, en su lecho de enferma, que tan verdaderamente como Dios es nuestro Padre, así verdaderamente es nuestra Madre. No lo dijo para provocar a nadie, sino porque así lo vivió. Cuando el cuerpo duele y el alma se queda sin fuerzas, uno ya no puede sostener teorías. En ese borde de fragilidad, Juliana recibió dieciséis visiones de amor; y desde entonces declaró que el misterio de Dios es más grande que nuestros moldes y que su ternura no compite con su verdad… la cumple. Juliana contempla a la Trinidad y habla de Poder, Sabiduría y Amor: el Padre que da el ser, la Madre que hace crecer, el Hijo que envía a servir. No es un juego de palabras, sino una gramática de salvación. Del Padre recibimos la vida; de la Madre, el aprendizaje de caer y volver a intentar; del Hijo, la misión que transforma los buenos deseos en servicio. La maternidad no endulza el Evangelio sino que lo encarna en un modo d...

LA LECHE DE DIOS ES MISERICORDIA: “mamaremos y nos saciaremos de su consuelo” (Is 66,11)

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Es un alimento que madura por dentro y llega cuando el ánimo tiembla y el pecho está vacío. Así obra la Madre: sostiene primero y enseña después. Esa leche no nos mantiene en la niñez sino que nos da la fuerza justa para hacer lo correcto. A veces sabe a paciencia, porque el rencor tarda en soltar su presa. Otras veces sabe a claridad, porque el autoengaño también es hambre. Pero siempre llega a tiempo, como la Madre que inclina el rostro, oye el llanto y, sin reproche, aproxima el pecho. Entonces el corazón aprende una formula   nueva: respirar sin prisa, hablar sin herir, corregir sin humillar. La misericordia no borra la historia sino que la vuelve habitable. He visto esa leche invisible en gestos pequeños: una llamada que llega cuando ya no esperabas nada; un silencio que te deja llorar en paz; un pan partido en la mesa de alguien que también estaba cansado. Gracias a eso se entiende que la fe no es un examen, sino una casa donde el cansancio tiene sitio. Y uno puede repetir ...